El agua potable tiene dos orígenes desde los cuales se suministran las poblaciones: uno es de las aguas superficiales, como los ríos, lagos y embalses y el otro es de las aguas subterráneas a través de pozos y fuentes.
En ambos casos, el agua aun no esta completamente limpia para poder ser consumida. Para eliminar los posibles contaminantes se le añade sustancias denominadas coagulantes que van a reaccionar en el agua, produciendo la coagulación de las partículas contaminantes que van a irse al fondo. Además, se le añaden desinfectantes, para eliminar las bacterias y gérmenes que pueden ser dañinos para nuestro organismo y, posteriormente, se filtra quedando limpia y potable para su consumo.
Las aguas subterráneas, que contienen un menor numero de materias orgánicas que las de superficie, no suelen necesitar tanto tratamiento, pero siempre dependerá de la calidad de las mismas.
El agua potable debe ser incolora, inodora e insípida, pero en la realidad no es así. Hay gran diferencia entre el agua procedente de un grifo con la que se puede obtener de una fuente natural. Su color, olor y sabor son muy diferentes. Al igual pasa cuando el agua proviene de distintas zonas geográficas. En este caso, puede afectar a nuestro organismo aunque sea agua potable, ya que puede tener microorganismos a los que nuestro cuerpo no este acostumbrado y necesite unos días de adaptación. Para que el agua sea potable debe no tener o tener poca cantidad de los siguientes químicos:
Arsénico, antimonio, bario, berceno, Atrazina y tampoco debe tener estos microorganismos dañinos como por ej: Girada liambla, legionella.

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